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Guía de iniciación vegetariana
El método de los 3 pasos para hacerse Vegetariano
Si estás realizando el cambio a una dieta vegetariana por sus beneficios para la salud, te alegrará saber que existe otra magnífica ventaja adicional en la comida vegetariana: es delicioso y divertido explorar alimentos nuevos. Una comida vegetariana puede ser tan familiar como espagueti con salsa marinara, tan reconfortante como un tazón de sopa de zanahoria rica y cremosa, o tan exótica como alubias negras caribeñas con tomates marinados de la sección de recetas.
El cambio a una dieta vegetariana es más fácil de lo que puedas pensar. La mayoría de las personas, tanto si son vegetarianos como si comen carne, típicamente utilizan una gama reducida de recetas; la familia media come sólo ocho o nueve cenas diferentes de forma repetida. Puedes aplicar un método sencillo de tres pasos para empezar con nueve menús para cenas vegetarianas que te gusten y puedas preparar fácilmente.
En primer lugar, piensa en tres comidas vegetarianas que ya te gustan. Las más comunes son verduras fritas al estilo chino, sopa de verduras, o pasta primavera. En segundo lugar, piensa en tres recetas que preparas habitualmente que puedan ser adaptadas con facilidad a un menú vegetariano. Por ejemplo, una receta favorita de chile puede ser elaborada con los mismos ingredientes; tan sólo sustituye la carne por alubias o proteína vegetal texturizada. Prepara burritos de alubias (usando alubias refritas vegetarianas enlatadas) en lugar de burritos de carne. Muchas sopas, guisos y estofados pueden ser convertidos en platos vegetarianos con pocos cambios sencillos. Finalmente, revisa algunos libros de cocina vegetariana de la biblioteca y experimenta con las recetas durante una semana o así, hasta que encuentres tres de ellas que sean deliciosas y fáciles de preparar. De esa forma, con mínimos cambios en tus menús, dispondrás de nueve cenas vegetarianas.
Después de eso, empezar con opciones vegetarianas para el desayuno y el almuerzo es fácil. Prueba los bollos con mermelada de frutas, las tostadas sin colesterol, o los cereales para los desayunos. Los sandwiches, con cremas como el hummus o el paté de alubias blancas, con limón y ajo, las ensaladas de pasta, o incluso las sobras de la cena hacen buenos almuerzos.
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